Creativos, investigadores y expertos en tecnología han coincidido en que la IA es una herramienta poderosa pero han advertido de que democratizar la producción no equivale a democratizar el criterio profesional
El pasado jueves 9 de julio, HOY ARAGÓN celebró su tercer encuentro UNDER 40 en el restaurante Roto de Zaragoza, una cita que reunió en torno a 100 personas con proyección profesional en distintos ámbitos de la comunidad y que contó con el apoyo de AWS, Allianz Artamendi y Caja Rural de Aragón. El evento nació con vocación de convertirse en tradición y aspira a ser el acto de referencia en la comunidad empresarial aragonesa para las generaciones que están tomando el relevo.
El encuentro, que se convirtió en uno de los espacios de referencia para el talento emergente aragonés, contó con un debate con la presentación de Kiko Cosculluela como hilo conductor de la velada. La sesión dio voz también al público, con las intervenciones de Rocío Aznar, Guillermo Pascual e Israel Liri y Favio Cardoso, bajo un formato participativo que define la esencia de estos encuentros: no solo escuchar a quienes ya han destacado sino dar protagonismo a quienes están en camino de hacerlo y para contar cómo la IA ha cambiado y hacia dónde se va en el futuro.
Kiko Cosculluela, responsable de SEO e inteligencia artificial en la agencia BirdCom, abrió la sesión recordando que el 30 de noviembre de 2022, fecha de lanzamiento de ChatGPT, marcó el inicio de una revolución que en apenas tres años ha transformado lo que es capaz de generar la inteligencia artificial. Para ilustrarlo utilizó un ejemplo visual, explicando que lo que en 2023 parecía increíble hoy resulta casi indistinguible de la realidad. Los parámetros estadísticos aportados por Cosculluela reflejaron la siguiente evolución del mercado:
En el ámbito de la salud, se destacaron avances como vacunas asistidas por IA, robots capaces de operar de forma remota entre países o herramientas de Google que predicen enfermedades a través del ADN. No obstante, se lanzó una advertencia sobre el mal uso, detallando casos documentados de personas que confiaron al 100% en ChatGPT para un diagnóstico médico o de abogados que citaron sentencias falsas generadas por IA sin verificarlas, concluyendo que la IA puede ayudar, pero los seres humanos son los pilotos del avión y no se puede soltar el volante.
La conversación se abrió al público y el primero en tomar la palabra fue Israel Liri, un formador de fotógrafos y diseñadores gráficos que mostró en directo un videoclip íntegramente generado por inteligencia artificial en un fin de semana, reconociendo que la herramienta le quitó el miedo a crear cosas que antes parecían inaccesibles, aunque advirtió que el error actual es creer que por hacer este tipo de cosas ya se es un profesional. Se señaló que una imagen generada por IA tiene con frecuencia problemas de composición, de luces o de mensaje publicitario que un profesional detecta de inmediato.
Desde Ullala Studios, estudio zaragozano de animación 3D, su cofundador explicó cómo la IA transformó sus procesos de preproducción, permitiéndoles ganar tiempo técnico para destinarlo a la creatividad y la comunicación. Sin embargo, se señaló una parte oscura que preocupa al sector creativo: los modelos de IA se han entrenado con obras de artistas y creadores sin que haya habido ningún tipo de control ni distribución de los derechos, definiéndose como arte robado para alimentar a la tecnología. Su socia añadió que la democratización de la producción tiene un problema de fondo por la falta de criterio, viéndose lonas XXL con logos distorsionados o caras deformes porque un buen resultado requiere tiempo, aprendizaje y dominar la herramienta.
La intervención más técnica de la velada llegó de la mano de una investigadora del Instituto Tecnológico de la Universidad de Zaragoza, matemática de formación y responsable de la línea de investigación en IA aplicada a la salud, cuyo equipo trabaja en soluciones concretas como herramientas de diagnóstico y pronóstico de cáncer gástrico, detección de postura para salud mental y prevención de lesiones.
La especialista fue tajante al afirmar que la IA no hace magia y que si no hay buenos datos, o si son sesgados, la IA será sesgada y no de calidad. Explicó que en el ámbito sanitario la IA debe ser necesariamente explicable y transparente para que los médicos puedan adoptar las decisiones, recordando además que existe ya un Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial que obliga a comunicar cuándo se está usando IA en un sistema o producto. El encuentro cerró apuntando que a medida que evoluciona la IA, más se necesitará de la inteligencia humana.